Etiquetas

lunes, 20 de febrero de 2012

La alquimia del sudor y el secreto de la alegría



La alquimia del sudor y el secreto de la alegría

Por Fabián Núñez Baquero


Este es el Taller Rapsodas Tres Mil. Su carné de identidad es el trabajo y la creatividad. Si la poesía es invención, entonces nosotros somos inventores. Pero como la invención es infinita, también nosotros somos infinitos. Somos infinitos de la única manera que podemos serlo: escribiendo poemas finitos que acotan al infinito. Por eso en nuestra infinitud respetamos lo finito, las pequeñas cosas, los hombres sencillos, las palabras limpias, torcidas de significaciones en espiral, pero rectas en su vuelo y en su alta aspiración. No comerciamos con ellas, porque el arte más excelso, la poesía, no es género de mercachifles ni oficio de agio ni ocupación de ganapanes. Tenemos secretos de alquimistas aunque sus resultados los damos a conocer sin euforia extrema pero sin menor alegría. Estamos contentos con jugar con el excelso naipe de las palabras, con reglas de juego de corazones, con la sonrisa a flor de piel y con una pena que se nos resbala sin quererlo en momentos cuando una cáscara de plátano nos hace caer- terrícolas sin remedio- en el lodo de nuestro ser.
El taller para nosotros guarda las huellas de aserrín de la idea, la impronta del primer martillazo que nos dimos en los dedos y esa carcajada sin remedio que se les escapaba a los espectadores que no tienen por qué saber la labor de talla o de lija y el sudor del serrucho en ese poema que todavía es imperfecto. En suma, queremos volver al centro del arte supremo: enseñar deleitando. Pero no se asusten exigentes espectadores: primero nos enseñamos a nosotros mismos, y luego…a los que quieran compartir el sudor…
Esto lo decimos en tiempos cuando la gente teme o huye del sudor de la lectura real y de la creación artística. Estos poemas han surgido del ejercicio en el laboratorio de poesía que tenemos en el Palacio del Poeta. Cada uno, por supuesto, ha inventado sus poemas, estos son los míos, los que son posibles de presentar en un blog:


Trioleto para poetas conversantes



No se debe decir Conversatorio
Porque conversación no es edificio,
Es vicio del lenguaje, feo vicio,
No se debe decir Conversatorio

Si las aguas están en reservorio,
Un lugar no es espacio traslaticio.
No se debe decir Conversatorio
Porque conversación no es edificio


Rondó del viento


Viento que viene y va, viento que viene,
Te quiero y no te quiero, con, sin alma,
Resistir tu desdén duele y entretiene,
Me pusiste a querer bajo la palma,
Desde entonces no sé qué sea calma,
Viento que viene y va, viento que viene.

Fui un ingenuo garzón que no previene
Si será el mal o el bien lo que me viene,
Si volveré a morir bajo la palma
Donde tú me quitaste toda el alma,
Donde mi amor te tiene y no te tiene
Y no sé si me das dolor o calma,
Viento que viene y va, viento que viene

miércoles, 15 de febrero de 2012

10 Umbral de la poesía



10 Umbral de la poesía

Por Fabián Núñez Baquero
11/02/2012
La Génesis del poema
Las fórmulas combinatorias

Así como el matemático solo es tal si convierte la vida, la experiencia en número, en medida, de igual manera el poeta transforma la vida, el mundo, en poesía. El matemático escribe relaciones de cantidad, cómo se emparenta un número con otro y genera, descubre sus leyes. El poeta encuentra analogías de las cosas aparentemente más disímiles y lejanas, las compara, matiza, sintetiza sensaciones, hace surgir imágenes, metáforas, usa un lenguaje sensorial, analógico, analítico y sintético a la vez. El matemático se recrea, reflexiona sobre el número, sobre la dimensión y la cantidad. Atiende a la combinatoria y sus fórmulas. El poeta juega, reflexiona sobre la palabra, sus asociaciones y conexiones, sus ráfagas de energía, su aliento sostenido en cada sílaba, en cada catacresis o tropo. Su combinatoria es de pálpitos y de sentidos. Cuando el matemático hace funcionar su máquina de cálculo, su pensamiento dimensional, no le interesa para nada si sus operaciones tienen o no tienen realidad. Lo que le preocupa es la realidad de sus operaciones. Y este retruécano tiene una importancia suasoria, definitiva en cada una de sus fórmulas. La rigurosa lógica interna que da coherencia a sus numeraciones es lo primordial. Al poeta tampoco le interesa la realidad de sus creaciones. Sólo la creación de su realidad. Y aquí también este retruécano tiene un sentido persuasivo y decisivo. El poeta usa una lógica sensorial que es distinta a la lógica matemática y científica, pero que tiene un parecido increíble en su esencia y en su dinámica.
La reflexión poética manipula las palabras, los acentos, las sílabas, cambia el orden de la frase o la oración, escarba cada modalidad en el habla y el lenguaje, su cómputo es emocional e imaginativo, fantástico y conceptual. Si el matemático habla del cuadrado de un número, el poeta se refiere a la anáfora, si aquel utiliza la ecuación, el poeta usa la analogía y la metáfora, las operaciones de suma y resta son en el poeta los registros sutiles del adjetivo o del epíteto, todas las transformaciones poéticas son de alguna manera transpoladas en las secuencias matemáticas y en la sumatoria y la probabilidad de los resultados. Sólo que un resultado combinatorio sirve a la magnitud y el otro al conocimiento sensitivo. Las dos- matemática y poética- son formas de aprehender el mundo y sus circunstancias, el curso mismo del universo y la humanidad.
Sólo una reflexión consciente sobre la infinitud y precisión de la expresión poética y sus elementos constitutivos, la sílaba, la palabra, el ritmo, los giros trópicos, la modulación y la cadencia, la disyunción de lo sensorial y conceptual y, a la vez, su insalvable ligamento , hacen de un hombre un poeta de verdad en toda la magnitud de su ser.
Cojamos tres palabras ( lluvia, ciudad, corazón) y exploremos todas sus posibilidades:
a) Llueve
b) La ciudad de la lluvia
c) Mi corazón llueve
d) El corazón de la ciudad llueve
e) El corazón de la lluvia
f) Llueve, corazón
g) Corazón sin lluvia
h) Lluvia sin corazón
i) Ciudad sin corazón
j) Llueve, corazón, sin la ciudad
k) Corazón-lluvia
l) El corazón de la lluvia
m) Ciudad-corazón
a) Desde la simple oración completa expresada en la palabra llueve, ya se genera una imagen propiamente dicha, que puede descargar en cada individuo múltiples sentidos, pero que es única en su semántica, en su objetividad orgánica, interna. Todos la entienden en cualquier parte del mundo y con independencia del idioma que se utilice.
b) La ciudad de la lluvia, ya es un epíteto, un nombre epónimo intransferible, a la vez que denota un claro giro poético, una interna realidad semántica.
c) Ciudad sin corazón es una prosopopeya, una figura literaria que personifica, que otorga identidad, sentimiento personal a una cosa, en este caso la ciudad. Por lo tanto crea, extiende un sentido, humaniza la ciudad y le añade un órgano humano ( el corazón).
d) Mi corazón llueve Procede a la inversa: naturaliza el sentimiento, el órgano que representa la sensitividad máxima del individuo, el afecto por antonomasia, el corazón. Crea una acción metafórica equivalente a decir: “como la lluvia que cae y moja, como la lágrima que es como la lluvia y que moja también, mi corazón cae, moja como lágrima y lluvia”.
e) El corazón de la ciudad llueve . Combina la prosopopeya y la metáfora, generando una imagen propiamente dicha. La imagen se caracteriza por una visión dinámica, nueva, fresca, que pone en movimiento elementos que crean una analogía, una similitud borrada, no expresada taxativamente. En este caso, el personaje ( la ciudad), que tiene un corazón, y que, tal como si fuera el fenómeno natural, llueve.
f) El corazón de la lluvia.Es una prosopopeya, porque asigna un órgano humano a un fenómeno natural
g) Llueve,corazón. Es una figura de vocativo, que combina la advocación con el imperativo, la exigencia de la acción, y la prosopopeya inversa, la naturalización de los órganos de los sentidos del hombre, en este ejemplo, el corazón, al cual se impele a llover.
h) Corazón sin lluvia. Una naturalización con carencia, con negación, lo que equivale a: el corazón está seco, no tiene humedad, carece de lluvia.
i) Lluvia sin corazón: es un retruécano de la frase anterior. Pero también usa la prosopopeya, al asignar a la lluvia el carácter de órgano humano del que ella carece. Tiene una connotación de crueldad e inhumanidad.

j) Ciudad sin corazón: De igual manera que la frase anterior cumple todos los atributos ya enunciados arriba.
k) Llueve, corazón, sin la ciudad: Un imperativo directo que es también un giro, un tropo, además de la prosopopeya inversa que grafica una negación.
l) Corazón-lluvia. Analogía simple sustantivada.
m) Ciudad-corazón: Prosopopeya simple sustantivada

Todas estas fórmulas encontradas poseen cada una su propia objetividad, su semántica objetiva al interior de la enunciación subjetiva. Hemos usado dos palabras, dos sustantivos de elementos materiales en el sentido estricto de la expresión ( lluvia, ciudad), y una palabra (corazón),que es un sustantivo de un algo material y humano a la vez, órgano que posee cierta denotación sentimental, afectiva.

Un resultado combinatorio:

La lluvia sin corazón
Desciende a la ciudad
¿Cuál será el corazón de la lluvia
En la ciudad sin corazón?

La ciudad de la lluvia
Mejor llueve, corazón, sin la ciudad
Corazón sin lluvia y sin ciudad
Llueve, corazón, llueve sin lluvia

Ahora añadamos algunos adverbios y preposiciones:

La lluvia sin corazón
Desciende ahora en la ciudad
Definitivamente
¿Cuál será el corazón de la lluvia
En la irremediable ciudad sin corazón?

Hoy por hoy la ciudad de la lluvia
Hoy por hoy
Mejor llueve, corazón, sin la ciudad
Llueve, corazón, llueve sin lluvia

Ahora demos más giros a los adverbios:

La lluvia sin corazón
Desciende ahora en la ciudad
Si solo lloviera en la ciudad
Si solamente

Definitiva, definitivamente
¿Cuál será el corazón de la lluvia
En la irremediable ciudad sin corazón?
Ay, si sólo lloviera en la ciudad
Si solamente

Hoy por hoy
La ciudad de la lluvia solamente

Corazón sin lluvia y sin ciudad
Definitivamente
Mejor llueve, corazón, sin la ciudad
Llueve, corazón, llueve sin lluvia.