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domingo, 22 de septiembre de 2013

Poesía y bricolaje: la unidad de la cultura humana

La naturaleza se construye y reconstruye de sí misma

Poesía y bricolaje: la unidad de la cultura humana
Fabián Núñez Baquero
22/09/13

¡Tú eres [sabio], Enkidu, eres como un dios! ¿Por qué con las criaturas
silvestres vagas por el llano? ¡Ea!, deja que te lleve [a] la amurallada Uruk, Al
santo templo, morada de Anu e Istar, Donde vive Gilgamesh, perfecto en
fuerza, Y como un buey salvaje señorea sobre el pueblo.
Fragmento del Poema de Gilgamesh (escrito en tablilla de arcilla en escritura cuneiforme  siquiera un milenio antes del siglo XVIII antes de nuestra era)

La poesía, como toda labor humana, reconstruye en cada poeta, en cada poema, la unidad cultural de la especie. La unidad del ayer con el presente y su proyección para el mañana. El uso del lenguaje es tan gratuito como el aire. La creación de una atmósfera, que dio lugar al oxígeno que respiramos, fue un trabajo milenario de la naturaleza. La expresión hablada, la palabra, la lengua, fue un invento que comprometió los recursos de miles de hombres desconocidos. Nos beneficiamos del trabajo de muchedumbres, de generaciones tras generaciones que laboraron duramente con la piedra, el hacha y dieron nombre a cada cosa repitiéndolo en sus tareas cotidianas, incrustando en la memoria del individuo y la colectividad la que sería la herramienta fundamental para el crecimiento y  la sofisticación de la nueva humanidad.

Podríamos decir, sin ninguna vacilación, que en cada palabra que utilizamos se encuentra el espíritu, la sangre, las alegrías y el duro sacrificio de nuestros antepasados. En el fondo, los poetas- que somos los inventores por antonomasia del lenguaje- no inventamos nada. Estamos a caballo de los hombres y en la espalda de nuestros ilustres ancestros, de los del ayer y de los del anteayer milenario.

Todo esto es bueno recordarlo para saber que nuestras producciones literarias, por excelentes que sean, son deudoras de este precioso instrumento inventado, pulido, constantemente transformado por los forjadores y poetas del pretérito cercano y del remoto.
Pero así como el destornillador es una transformación del antiguo y modesto punzón de hueso o de sílex, así como el hacha de piedra fue la abuela de la guillotina o del cuchillo de láser, así un poema actual desciende en línea directa de los brillantes balbuceos del Gilgamesh sumerio o de los runas de los escaldos. Los físicos actuales no se avergüenzan en estudiar los escritos del gran Epicuro que ya previó la atomística contemporánea y que les sirvió muy bien para sobre sus hombros instalarse en el nuevo Bossón de Higgs y conocer los secretos de la energía oscura. Ellos saben que sin el concurso de Epicuro no hubieran llegado a la cima de la cuántica. Pero también conocen que sin el apoyo de los bardos y creadores antiguos, no hubieran llegado a ninguna parte y esto porque el lenguaje es el secreto de todo el desarrollo del pensamiento, la ciencia y la tecnología de las cuales ahora justamente nos enorgullecemos.

Cuando digo esperanza, rosa o viento, pienso en la Eneida de Virgilio, en Os Lusiadas de Camoens y en el hombre oscuro de la noche ya perdida de los tiempos, que repetía a sus congéneres, con ojos abrillantados y nervios exaltados, esas palabras recién inventadas que le servían para nombrar esas cosas.

 Por lo que hay una férrea continuidad de la cultura. No somos hijos del viento. Nuestro idioma caudaloso y rico es deudor de árabes, griegos, romanos, cartagineses, vascos, vándalos, godos, ostrogodos, sumerios y caldeos. Nuestro idioma- igual que cualquier otra disciplina filosófica o científica- exige estudio, devoción, mimesis de lo mejor y más progresivo. Si queremos crear tenemos que conocer, estudiar a los creadores y constructores del ayer. Es una alegría pánica la que me obsede cuando leo y releo El Libro del Buen Amor del incomparable Juan Ruiz, Archipreste de Hita. Lo que él dice sobre el dinero y el amor  posee tal enjundia, tanto seso, que no puedo sino recomendar su lectura a las generaciones de hoy y de mañana. Si nos montamos sobre el robusto Juan Ruiz, si le robamos su feraz energía y su inagotable imaginación, entonces podemos parir, a lo mejor, una letrilla similar a Poderoso Caballero es Don Dinero, como lo hizo el inigualable Quevedo.

Existe mucha gente que cree rebajarse si nombra la influencia directa de algún poeta. Es la falta de comprensión de la continuidad de la cultura. Para que haya ahora el cuchillo de láser o de agua concentrada, el hombre antes debió trabajar el humilde punzón de hueso o el hacha de piedra. Si no estudiamos seriamente a los poetas, corremos el riesgo de copiar la burda y grotesca realidad cotidiana. En el Diablo Cojuelo de Vélez de Guevara encontramos los meandros y las centellas de la creación y del lenguaje. Vélez convierte a Madrid en una olla embrujada con tejados sombríos a la luz de la luna.

La poesía es la técnica del bricolaje por esencia. El bricolaje usa la chatarra del medio ambiente, la basura y lo transmuta en obra de arte. Los poetas debemos alimentarnos de las técnicas y visiones de los bardos de antaño e inyectarlas de contemporaneidad. Quien tiene vacío el estómago sólo puede procrear dolor de cabeza y ninguna invención. La poesía es bricolaje porque se basa en el acarreo de materiales, chatarra del pasado, la mejor chatarra por supuesto, más la frescura de nuestra habla. El que no lee, ni practica la continuidad de la cultura ni puede generar una obra de arte que valga la pena. La poesía parte de lo que existe hacia lo que no existe, del lenguaje habitual hacia un lenguaje elegante, brillante, nada convencional. La información de la poesía es cifrada pero con criptografía que debe ser evidente para todos o para las mentes y sensorios sanos de toda la Tierra. La poesía parte de la mimesis, es decir, de la imitación, pero no se queda, no debe quedarse en ella.

Nuestro genoma nos protege de la mimesis simple y grosera, el genoma nos hace, a nuestro pesar, originales, con identidad biológica propia. Quien teme la imitación ni imita ni crea nada. Puedo imitar un tema, un mito, pero si manejo el lenguaje de manera adecuada, la imitación- gracias a mi genoma- se convierte en invención única. Y puedo hacer bricolaje con la música y la pintura. Puedo imitar a Van Goh presentando un girasol enorme y brillante dormido pisando el guargüero del Chimborazo. Me gusta Bach porque él me habla siempre del universo pero con luz halógena. Es difícil imitarlo pero lo intento.

El planeta, el cosmos practica el bricolage. No crean que la naturaleza desperdicia nada. Ella utiliza el polvo y el gas para apelmazar materia y modelar una constelación. Comienza desde la chatarra, del desperdicio, de las cenizas y construye mundos de diamante. El Cosmos es un colosal horno de información, deformación y creación. Quien dice que la poesía no es información está hablando en el desierto. La poesía es la comunicación vestida de frac. La poesía es el megáfono que nos obliga a cantar La Marsellesa o el Himno a La Internacional

La poesía es un monumento al diseño de lo perfectible con voz de tenor heroico. La comunicación lata y chata, descomunica. La poesía funde en el mismo ser a todos los pueblos. La poesía es el Bossón de Higgs que de veras dota de masa y de energía al pobre individuo que no sabe qué hacer con tanta belleza acumulada, que le lleva a gritar su hermandad con todos los hombres.

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